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El día que me partieron las gafas de una paliza.

Cuando tenía 12 años era el cuatro ojos de la clase. 

Un empollón que apenas necesitaba atender (me pasaba las clases dibujando y escribiendo en una libreta que escondía dentro del libro de texto, como si tomara notas).

En todas las clases hay un empollón, un matón y una chica.

Normalmente la chica sale con el matón, y el empollón sale mal parado.

Total que un día al acabar las clases nos dieron las notas de un examen.

Yo saqué un 9, el matón un 6, pero la chica… apenas llegó al 5.

Puede parecer muy de cliché, pero a mi en ese momento me pareció una buena idea ofrecerle alguna clase particular (pringao) a domicilio.

Obviamente me dijo que no, lo cual no hubiera sido muy grave para mi autoestima de no ser porque ella se lo comentó a sus amigas.

Y finalmente el matón se enteró.

Me dijo que no me preocupara que  él se iba a encargar de que ella aprobara.

Así que se estuvieron burlando de mí durante varios días.

Las risas todavía suenan en algunas esquinas de aquel colegio.

Pasaron un par de semanas y tuvimos otro examen.

En un momento vi que el matón se levantaba e iba a la papelera a sacar punta al lápiz.

Dejó caer un papel sin que la profesora se diera cuenta.

Y mi autoestima dolida me aconsejó mal, vi la jugada y me anticipé.

Como no quería perjudicar a la chica me levanté cogí el papel y se lo llevé a la profesora (si, así de repelente fui durante un rato).

La profesora no tardó en sacar de quién era aquella chuleta y obviamente el matón no dijo para quien la había dejado.

Mi plan justiciero había funcionado a la perfección.

A la salida del colegio no pude ni recorrer tres manzanas sin que el matón y dos coleguitas suyos me acorralaran, me partieran el labio, las gafas y me dejaran tirado en el suelo llorando de rabia.

Como ves aprendí la lección rápido y duro.

¿Qué lección?

Que yo no soy un justiciero que deba ir metiéndome en los asuntos de los demás.

Que si alguien hace trampas o comete un delito nadie me ha nombrado policía (aunque fui vigilante de seguridad durante un tiempo, ya te contaré algo de eso otro día).

Que agitar el avispero no es la mejor forma de conseguir la miel.

Que la autoestima dolida no suele dar buenos consejos, pero duele menos la autoestima que que te peguen una paliza.

Que el odio engendra odio, y la violencia, violencia (los tres sufrieron “accidentes” vergonzosos mucho tiempo después cuando estaban a solas en el baño).

Que no quería ser un hater, ni un acosador, ni abusar de otros por ser diferentes, opinar distinto o tener otras ideas.

Y cuando decidí especializarme en comunicación estratégica decidí que no trabajaría con marcas o profesionales que no tuvieran estos mismos valores.

No hate.

No polarizar.

No menospreciar a quien no hace las cosas como tú.

Por eso, aunque quizás aún no eres cliente mío quiero hacer un contrato contigo.

Esto es un contrato legal.

Así de serio me he propuesto hacerlo.

Y en este contrato me he propuesto comprometerme contigo por escrito a : NUNCA, bajo ningún concepto hablarte mal de alguien en uno de mis emails.

Y tanto es así, que quiero que te guardes esta entrada de blog o hagas lo que sea necesario para si en algún momento pierdo el norte y lo hago, me contestes con este mismo mensaje.

Y luego te des de baja de mi newsletter.

Fijate.

Esto se ha puesto serio.

El hate, la polarización, inunda las redes sociales.

Constantemente puedes ver a “profesionales” deshollándose en twitter, echándose en cara lo que hacen o no bien o mal, insultándose.

Haciendo videos para decir lo que hacen mal los demás.

Hasta los análisis de los trabajos de otros profesionales se llaman “destripar”.

Escriben un email que llega a 10.000 personas y dicen que tal o cual profesional, que es de su competencia, es esto o aquello.

Si quieres seguir en sus listas, dándoles el poder de sembrar ese odio cada día en ti, es tu problema, pero si lo haces te agradecería que te fueras de esta lista.

No quiero esa mentalidad entre la gente que me rodea.

Como te dije en mi email del día 1, esto va a cambiar muchísimo.

Tolerancia cero al hate.

Tolerancia cero a la intolerancia (puede parecer contradictorio, pero si lo piensas tiene todo el sentido).

Vamos a crear algo que deverdad sea diferente.

Escribo esta entrada el 4 de Hulio, el día de la independencia de los yankis.

Pues nosotros vamos a celebrar que nos independizamos del hate, la polarización para generar likes vacíos y las críticas a los demás.

Hay una frase que me repito cada vez que me vienen a la mente las ganas de criticar a alguien.

“Si te apetece criticar a alguien, hoy empieza por ti”.

Pues es lo que voy a hacer.

Por cierto si quieres hablar de cómo comunicar los beneficios de tu producto o tu marca sin entrar en dinámicas negativas tengo un servicio de asesoramiento al que llamo la nomentoria.

Para contratarlo solo tienes que pasarte por soysamukortajarena.com/nomentoria

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