Quiero hacer una apuesta contigo.

Si gano sigues leyendo un poco más.

Estoy casi seguro (a un 97%)  de que cuando escogiste “La espada de Caranthir” no te vino a la mente la imagen de Dobby, el elfo de Harry Potter.

¿Es porque ya conocías la historia de Caranthir, rey de Thargelion?

No creo.

Atento, porque ya estás dentro de mi tobogán de mantequilla (mi tobogán, mis reglas).

Cuando pensé en qué CTA utilizar para que decidieras si eres un posible cliente del tipo “elfo” o “pirata” pude haber usado solamente esas dos palabras.

Pulsa aquí si eres un elfo.

Pulsa aquí si eres un pirata.

Y hemos quedado en que tu mente es la que rellena los huecos que yo voy dejando.

Por lo tanto si digo elfo, dejo muchos huecos a tu imaginación.

Peeeero, si a ese elfo le pongo un nombre (que además significa “misterioso”, “oscuro”, “fuerte”), y le pongo una espada en la mano, difícilmente tu mente se irá al personaje miedoso y débil de los libros de J.K. Rowling.

BOOOM!!

Tu mente rellena ese hueco con Légolas o alguno de sus colegas macizorros.

¿Qué significa eso?

¿He manipulado tu mente?

¿Qué magia élfica utilizo en mis copys?

Tú solo piensa.

Tus clientes tienen múltiples imágenes para rellenar los huecos que dejes.

De ti depende que tu estrategia de comunicación haga que su imagen de la solución concuerde con la tuya.

Por eso en tu estrategia de comunicación debe estar incluida la historia del guerrero.

Porque ese guerrero es tu cliente.

El storytelling, la historia que cuentes, se tiene que centrar en él.

Y en su historia con tu marca.

Igual que este storytelling se centra en ti, y en tu estrategia de comunicación.

Él es el elfo.

Y se tiene que sentir identificado contigo cuando le ofrezcas compartir el camino.