Hay espadas con nombre propio, a cuyo alrededor se forjan historias, como las que se crean con el Storytelling para marcas.

Como la leyenda de Excalibur.

O Dardo, la espada mata orcos de «El Señor de los Anillos».

Algunas incluso llevan el nombre del artesano que las forjó.

Como las de Hattori Hanzō.

Y eso que la mayoría no conoce la verdadera historia de este samurai del siglo XVI.

Sólo nos suena de Kill Bill.

¿Te la cuento en un minuto?

Dice la historia que Hanzō fue un samurai y shinobi.

Se ganó el apodo de “Hanzō el demonio” (Oni-Hanzō) por sus técnicas de combate en el campo de batalla.

De espadas sabía un rato.

Una parte de la historia cuenta que un día se encontró con un hombre sabio.

Y su enseñanza le conmocionó.

Tanto que, un hombre de guerra como él, se sintió pequeño al lado del sabio.

Y cuando acabó la conversación, abandonó su puesto como mano derecha del Shogun (el mandamás del barrio), y puso un taller de espadas en Okinawa.

O sea.

Quién él menos pensaba le cambió la vida.

Su fama como forjador de armas se extendió por los siglos hasta nuestros días.

Y entonces llega Tarantino y recupera ese Storytelling como parte de su película Kill Bill, donde Uma Thurman, le pide a un descendiente de aquel, una espada para “acabar con las ratas”.

“Debes tener grandes ratas si necesitas el acero de Hattori Hanzō”

Hattori Hanzō. Kill Bill Vol. I

La historia de una espada.

La fama de un acero.

Contada con Storytelling para marcas.

Se convierte en tu historia con la marca.

Una historia que te enseña que hay gente que te cambia la vida.

Y te ayuda a conseguir clientes.

Clientes a los que les tienes que contar su historia con tu marca.

A los que debes solucionar sus problemas.

Sobre todos si tienen grandes ratas que matar.

Una estrategia que acabe con los problemas de comunicación de tu marca basándose en un producto excepcional que cambia vidas.